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martes, 17 de septiembre de 2013

EL CEREBRO EMOCIONAL




 

La Inteligencia puede ni tener la menor importancia cuando dominan las emociones.
El predominio del corazón sobre el cerebro en momentos cruciales nos guía cuando se trata de enfrentar momentos difíciles.

En un sentido real, tenemos dos mentes, una que piensa y otra que siente.

La mente racional es la forma de comprensión de lo que somos conscientes, la mente emocional es un sistema de conocimiento, impulsivo y poderoso aunque ilógico.

Las dos mentes operan en armonía entrelazando sus conocimientos para guiarnos por el mundo, son facultades semindependientes, cada una refleja la operación de un circuito distinto pero interconectado del cerebro. En la mayoría de los momentos estas mentes están coordinadas.
“Los sentimientos son esenciales para el pensamiento y el pensamiento lo es para el sentimiento”.
 
El mapa cerebral de la emoción
Este sistema emocional de reacción instantánea, casi reflejo, que parece imponerse a nuestra voluntad consciente, está bien guardado en las capas más profundas del cerebro. Su base de operaciones se encuentra en lo que los neurólogos conocen como sistema límbico, compuesto a su vez por la amígdala, que se podría definir como el asiento de toda pasión, y el hipocampo. Allí surgen las emociones de placer, disgusto, ira, miedo, y se guardan los "recuerdos emocionales" asociados con ellos.

Emociones Básicas

Ira , Miedo, Felicidad, Amor, Sorpresa, Disgusto, Tristeza




 


La Ira: la sangre fluye a las manos, es más fácil tomar un arma o golpear a un enemigo.

El Miedo: la sangre va a los músculos esqueléticos grandes, resulta más fácil huir.

La Felicidad: hay un momento de la actividad en un centro nervioso que inhibe los sentimientos negativos y favorece un aumento de energía disponible.

El Amor: los sentimientos de ternura y satisfacción sexual dan lugar a un despertar parasimpático (o respuesta de relajación) genera calma y satisfacción, facilitando la cooperación.

El levantar los ojos en expresión de sorpresa, permite un mayor alcance visual y que llegue más luz a la retina; ofrece más información sobre el acontecimiento inesperado.

El Disgusto: como señala Darwin, es un intento de bloquear las fosas nasales para evitar un olor nocivo, la expresión es el labio superior torcido a un constado, mientras la nariz se frunce.

La Tristeza: es ayudarse adaptarse a una pérdida significativa; produce una caída de energía y entusiasmo por actividades de la vida.

La forma que demostramos pesar cómo se demuestran las emociones o se contienen para momentos de intimidad son moldeados por la cultura.
El centinela emocional
El punto de vista convencional en neurología ha sido que el ojo, el oído y otros órganos sensoriales transmiten señales al tálamo, y de ahí a zonas de la neocorteza de procesamiento sensorial, donde las señales se unen formando objetos a medida que las percibimos. Las señales son clasificadas con el fin de encontrar significados de manera tal que el cerebro reconozca qué es cada objeto y qué significa su presencia. La antigua teoría sostiene que a partir de la neocorteza las señales son enviadas al cerebro límbico, y de allí la respuesta apropiada se difunde por el cerebro y el resto del cuerpo. Así es como funciona la mayor parte del tiempo, pero LeDoux descubrió un conjunto más pequeño de neuronas que conduce directamente desde el tálamo hasta la amígdala, además de aquellos que recorren la vía más larga de neuronas a la corteza. Esta vía más pequeña y más corta -una especie de callejón nervioso- permite a la amígdala recibir algunas entradas directas de los sentidos y comenzar una respuesta antes de que queden plenamente registradas por la neocorteza.



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